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Análisis | Macri tendió la trampa y Alberto pisó el palito

Mauricio Macri reapareció en la escena pública y volvió a apelar a la grieta para subirse al ring político. Alberto Fernández cayó en la trampa y le dio entidad, al contestarle de forma efusiva.

15 Octubre de 2020

Macri y Alberto, dos modelos económicos y comunicacionales.
Macri y Alberto, dos modelos económicos y comunicacionales. — (Victoria Vicente)

Tras perder las elecciones del año pasado y quedar como el único presidente de la historia argentina en no ser reelecto, Mauricio Macri reapareció en la escena política y, por ende, discursiva.  

Decidido a no perder terreno y envalentonado por las marchas contra el gobierno, salió a hacer lo que mejor sabe y lo que, salvo las últimas elecciones, siempre le dio resultado: la grieta. 

En entrevista con Joaquín Morales Solá, el ex presidente apeló a la confrontación con el peronismo o, como bien aclaró, con el kirchnerismo, para volver a subirse al ring de la política y dejar en claro que dará pelea para comandar Cambiemos. 

“No sabe leer”, había dicho Diego Maradona en una ocasión en referencia al ex presidente de Boca. Sin embargo, en el plano comunicacional, los outsiders de la política están a años luz del peronismo, que mantiene sus viejos modos y simbologías del siglo XX, algo que en tiempos modernos los deja en el plano de lo suficientemente dicho. 

Debido a esa dificultad por modernizar su aparato comunicativo es que el presidente Alberto Fernández entró en la trampa y pisó el palito puesto por Mauricio. El mandatario nacional salió a responderle directamente, con nombre y apellido, y en un tono elevado, algo que sólo logró alimentar a los medios concentrados que tildan a los K de poco dialoguistas, confrontativos y violentos. 

Macri es el dirigente con peor imagen del país y, aún así, Alberto Fernández le otorgó entidad como contrincante político. De hecho, el ex presidente de Boca dio una segunda entrevista ayer a Infobae, y allí aprovechó para bajarse de la pelea: "No voy a escalar en las respuestas con el presidente", dijo, dejando en claro que su tarea estaba cumplida.

En el juego de la gran conversación pública de la Argentina de hoy, los integrantes de la coalición de gobierno tienen serias dificultades para imponer su agenda y siguen, por el contrario, la de la oposición, respondiendo a todas y cada una de las vociferaciones de sus rivales. 

El gobierno corre con la suerte de que, a un año de las elecciones legislativas, el principal espacio opositor luce desintegrado, sin cabecillas claras y fuertes discusiones internas. No obstante, los dirigentes de la derecha entienden mejor el horizonte mediático y, para el afuera, conservan univocidad en sus palabras, aunque algunos las moderen.  

No pasa lo mismo cuando se mira en la vereda de enfrente, donde el presidente tiene que salir a cada rato a despegarse de los dispares dichos que salen de la boca de los integrantes de su espacio. Así, la coalición de gobierno parece integrada en su funcionamiento interno y dispersa en la opinión pública

El choque de modelos comunicacionales, unos atacan y otros se defienden. En este sentido, si bien es de esperar que quien gobierna ejerza la voz de mando del debate público, es la oposición la que marca el pulso de lo que se habla. 

De un lado, un discurso a la defensiva y un espacio unificado; del otro, un discurso a la ofensiva y un espacio disperso. Quien logre hacer coincidir a uno y a otro tendrá más chance de penetrar con mayor éxito en la voluntad de los votantes.